viernes, 22 de septiembre de 2017

La estrella del verano

En mi país llueve mucho ¿sabes?
Llueven hojas toodo el año.
Rojas, naranjas, amarilla, moradas, café...
también tomamos mucho de ese. Café.
Hacemos todos lo mismo:
Leemos libros en butacas de madera, envueltos en una manta calentita, a la luz de velas aromáticas. No hay invierno, no hay verano, no hay primavera. Es tan cómodo.

Llegó estrella y atropelló el mundo de todos: barrió las hojas, guardó las mantas y apagó las velas. Salió de su cuarto y al verla el sol tuvo un motivo para salir. Se hizo el verano.

jueves, 27 de julio de 2017

Venas verdes

Iba cansada de caminar,
seca.
Me encontré en un jardín,
busqué tierra mojada
y allí me sumergí.

Tras un par de años
comencé a nacer.
Tanto me cuidó:
las gotas de lluvia
caían en tierra,
resbalaban dentro de ella
y al tocar mis cabellos
los nutrían,
les dejaban semillitas de frutos
que en el futuro dieron de comer
al viajero cansado.

Un día salí
en forma de flor-árbol,
con mis brazos, con mis piernas,
con mi cara de niña grande
y mi nariz de botoncito.
Miré hacia abajo y vi un rio.
Mis pies
sumergidos en el agua que corría
(y correría por siempre)
absorbían la frescura
que se movía por mis venas
y se traducía en flores,
en frutos al final de mis manos.

Así pasaron siglos,
días de verano
y noches de invierno;
crudos otoños
y felices primaveras,
pero mi hoja no cayó.
Más bien daba lirios en invierno,
duraznos en otoño,
piñas en primavera
y rosas en verano.

El rocío
todas las mañanas
me acobija.
En mis hojas
el eco de mi salvación:
el rio me mantiene viva.

Foto por @huntergillman